La crisis en Bolivia se profundiza con bloqueos, falta de combustible y protestas que afectan a todo el país. Las exportaciones están paralizadas, los alimentos escasean en ciudades como La Paz y los precios de productos básicos aumentan día a día.

La Paz amaneció esta semana con calles vacías y sin el movimiento habitual del transporte público. Los choferes iniciaron un paro indefinido tras semanas de dificultades para conseguir combustible y largas filas en estaciones de servicio sin abastecimiento. La falta de diésel y nafta afecta tanto al transporte como a miles de ciudadanos que quedaron sin movilidad.

A la crisis energética se suman los bloqueos de rutas que ya llevan varias semanas y frenan la circulación de mercaderías en distintas regiones del país. Productores, empresarios y exportadores alertan sobre pérdidas millonarias debido a la interrupción de la cadena logística y al incumplimiento de contratos internacionales.

El desabastecimiento golpea especialmente a La Paz y otras ciudades del occidente boliviano. En mercados y comercios faltan alimentos básicos como carne, pollo y huevos, mientras los precios aumentan con rapidez. Comerciantes aseguran que reciben menos productos y que muchos consumidores ya no pueden afrontar los nuevos valores.

En paralelo, sectores productivos del oriente y del centro del país también enfrentan fuertes pérdidas. Exportadores mantienen contenedores inmovilizados, productores agropecuarios no logran trasladar mercadería y fabricantes textiles denuncian cancelaciones de contratos por la imposibilidad de realizar entregas. Con más de 150 piquetes activos en distintas rutas, el conflicto continúa afectando la economía boliviana sin señales claras de resolución.

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