Las protestas y bloqueos en Bolivia continúan expandiéndose mientras aumenta la tensión política y social en el país. En este contexto, Estados Unidos expresó su preocupación por la situación y denunció acciones destinadas a “desestabilizar” al gobierno del presidente Rodrigo Paz.
La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado estadounidense afirmó que los disturbios provocaron una “crisis humanitaria” debido a la escasez de medicamentos, alimentos y combustible, especialmente en las ciudades de La Paz y El Alto. Washington respaldó las acciones del gobierno boliviano para restablecer el orden y garantizar la circulación de productos esenciales.
Las movilizaciones, impulsadas inicialmente por reclamos salariales y sociales encabezados por la Central Obrera Boliviana y sectores mineros, derivaron en pedidos de renuncia contra el presidente Paz. El gobierno sostiene que detrás de las protestas existe una estrategia política vinculada al expresidente Evo Morales y a grupos que buscan desestabilizar la democracia.
En los últimos días se registraron enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad durante operativos de desbloqueo de rutas. Según reportes oficiales y medios regionales, varias personas resultaron heridas y decenas fueron detenidas. Además, los cortes de caminos afectaron el suministro de productos básicos y complicaron el acceso a servicios médicos en distintas regiones del país.
La crisis también generó repercusiones internacionales. Mientras Estados Unidos y varios gobiernos latinoamericanos expresaron apoyo institucional al gobierno boliviano, el presidente colombiano Gustavo Petro salió en defensa de Evo Morales y cuestionó lo que calificó como intentos de injerencia externa en Bolivia.




